Nací en la ciudad de Barcelona.
A la edad de tres años, mi madre se dio cuenta de que tenía un don para la música y empecé a tomar clases de piano, antes de aprender a leer y a escribir. Aún recuerdo el momento en que descubrí que aquello tan especial se podía escribir. Pisé, muy pronto, el escenario, sin ser consciente de lo que estaba pasando.
Al poco tiempo, empecé en un colegio donde la disciplina me acompañó durante quince años. Ahora soy capaz de recordar aquellos años con agradecimiento, pero en aquel entonces fue muy duro y me obligaron a abandonar la música.
Aun así, mi conexión con la música se mantuvo y nunca llegué a dejarla. Seguí aprendiendo por mi cuenta, incluso con nuevos instrumentos, modelando a los niños a quienes sí les estaba permitido aprender.
Al entenderla de una manera más estructural, creé mis propios repertorios y, a los 15 años, empecé a dar conciertos y a ganar dinero por la zona del Maresme y aprendí a invertirlo en lo que realmente quería.
En uno de mis recitales, pasada la adolescencia, la soprano Miriam Ucelay me ofreció clases de canto. Descubrimos que era soprano lírica y me inicié en el repertorio lírico. Estuve con ella cerca de un año, hasta que entré con una beca en el Conservatorio Superior Municipal de Música de Barcelona.
Me veía constantemente dividida…
Hacía años que sostenía una segunda vida, la que mis mayores llamaban "la vida de verdad", la que ellos consideraban que debía interesarme, y acabé cursando derecho y asesoría fiscal, trabajando en un bufete de abogados. José Luís Egea, uno de mis jefes, se transformó en un mentor y, gracias a él y a su mujer, Maria Rosa, pude realizar mi carrera de música con el apoyo económico y emocional que necesitaba y di uno de mis grandes saltos.
El Conservatorio Superior Municipal de Música de Barcelona era toda una institución en aquella época y el lugar perfecto para formarse como músico. También lo sentía como mi casa.
Aprendí la envergadura de las palabras implicación y compromiso a través de mi trabajo y estudio, para poder crecer como persona y también, profesionalmente.
Fueron años muy creativos.
Una de mis vías de expresión, desde hacía mucho, era también la escritura. Me gustaba trascender en la palabra cuando aparentemente no había palabras. Gané varios premios de poesía y prosa. Mn. Pere Ribot y Montserrat Manent fueron mis tutores literarios durante años. Pude disfrutar puliendo y encontrando nuevos espacios en mi manera de expresarme.
Escribí tres obras de teatro para niños.
Era necesario enfocarse y escoger, porque ambas actividades se vivían con intensidad. Fue entonces cuando un querido familiar, el Dr. Joaquim Salvá Ruyra, provocó una conversación a solas y me ayudó a ver que la música merecía mayor atención. Pocos meses después, fallecía de un cáncer en Montpellier. Su muerte me marcó mucho y me llevé todos sus consejos conmigo.
Mi camino emocional fue muy complicado desde el principio y tuvo que ver con el tipo de sensibilidad con la que vine al mundo y con el entorno donde fui a parar.
El silencio emocional ensordecedor de aquellos años, ausentes muchas veces de palabras por parte de los adultos, me marcó mucho.
Viví durante años casi aislada del exterior por las creencias que tenían mis padres. Todo ese conjunto forjó en mí un mundo interior muy rico, en el que cada vez había más por descubrir, y me reconocía absolutamente libre: podía volar… y podía escapar. Lo hice cuidando lo que pude de mí.
A los 25 años conocí al que sería mi marido, Juli Panyella, un músico innovador, reconocido por su docencia y también como intérprete. Cuando nos vimos, ambos supimos que nos habíamos encontrado, pero tardamos un año en dar el paso. En aquel entonces estábamos preparando una ópera bufa de Pergolesi; él era el director de la orquesta de cámara. La ópera se representó varias veces en Barcelona y la propia Generalitat de Catalunya nos propuso para un intercambio con Alemania.
Me formé con maestros de música que se implicaron conmigo de manera generosa y de quienes guardo un precioso recuerdo. Con algunos de ellos mantengo una entrañable amistad.
Tuve la oportunidad de pisar varios escenarios en el territorio español, en Francia y en Alemania.
Gracias a Juli conocí a compositores e intérpretes con trabajos destacados, compartiendo momentos de vida. Me dieron un lugar, que valoro mucho, en medio de tanto talento.
Ya casada, todo se truncó de golpe y caí en depresión en plena gira por Alemania. Mi marido me sostuvo durante meses para que yo no acabara con mi vida. Fue un proceso muy duro. Nos sentimos muy solos y sin apoyo familiar.
Estuve con medicación y en terapia con el Dr. Joaquim Cuchillo, quien me enseñó que todos tenemos la capacidad de reaprender y reconstruir, que no somos lo que nos sucede. Al cabo de pocos meses, Quim me llamó para explicarme que estaba muy enfermo y que le quedaba poco tiempo de vida. Decidí seguir con él hasta poco antes de su fallecimiento.
Los profesionales que me atendieron a partir de ese momento no se atrevían a modificar mi medicación, argumentando que estaba estabilizada.
Quería seguir el camino que tenía trazado con Quim, pero no quería vivir así para siempre. Me sentía drogada, envuelta en corcho, había aumentado más de veinte kilos.
Con mi marido empezamos a investigar qué podíamos hacer y no encontrábamos respuestas. Nos lanzamos a buscar otros profesionales y visitamos librerías en mi ciudad buscando soluciones: algo nuevo que hablase de lo que me pasaba, de la depresión, de la ansiedad, de otra perspectiva… alguien que nos ayudara.
Eran otros tiempos sin internet.
Descubrimos al Dr. Daniel Goleman y sus libros de Inteligencia Emocional y sí, había una salida.
Posteriormente, me hablaron de las terapias alternativas. Nosotros llevábamos una dieta bastante naturista, pero nunca pensamos que me lo tomaría tan en serio.
Consulté con el Dr. Jordi Sagrera-Ferrándiz y me ayudó a decidirme dónde formarme con rigor.
Me diplomé en Naturopatía en el Heilpraktiker Institut, con extensión en la escuela IFH Heilpraktiker Fachschule Saarbrücken – Akademie für Naturheilkunde. Aun así, no podía dejar del todo la medicación, hasta que descubrí la Homeopatía Unicista… Recordé que mi abuelo paterno había sido fiel a esta medicina.
Paralelamente a mis estudios, hice toda la formación de Homeopatía Unicista en el Institut Homeopàtic de Catalunya.
Cuando experimenté el efecto de los medicamentos homeopáticos en mi cuerpo —la liberación mental, emocional, la sensación de caída de corazas—, mi percepción cambió por completo. Vi que estaba ante una de las parcelas más grandes que había creado el hombre en este mundo.
Gracias a la misma homeopatía conseguí abandonar la medicación y recuperé el peso normal, la vitalidad, las ganas de moverme, de vivir y la motivación para trazar proyectos.
La Terapia Ortomolecular me acompañó desde que salí de la escuela de naturopatía.
La intención siempre fue recuperar lo que orgánicamente se había perdido por el camino.
La formación ortomolecular nunca termina, con los avances que van apareciendo —igual que sucede con la propia homeopatía—. Aunque no me declaro unicista ortodoxa, mi base sí lo es. Estoy en constante formación desde que puse el pie en este camino.
Al manejar varias técnicas en paralelo, me formé en Kinesiología para llegar más a fondo al paciente y poder encajar con lo que está necesitando en cada momento, de manera individualizada, preguntando al cuerpo y al campo que se genera.
Por aquel entonces abrí mi consulta en un espacio muy pequeño y muy humilde, pero con mucha alma, entrando en una realidad desconocida.
Había tomado buena nota de todo lo vivido, pero algunos casos no se sostenían en el tiempo. Fue entonces cuando las propias necesidades de mis pacientes me condujeron a investigar sobre distintas técnicas.
Me introduje en la Programación Neurolingüística (PNL) en 2006, pero mi vinculación dio un giro importante cuando descubrí la PNL de Tercera Generación.
La misma PNL de Tercera Generación me llevó a la Hipnosis de Milton Erickson, al mundo de las infinitas posibilidades. Allí encontré parte de la estructura y el alma de la música que yo tanto amo, en el ritmo, en la voz… para mí, aunque en otro lenguaje, se comparte la misma esencia.
Pocos años antes de todo esto, mi marido enfermó de cáncer. Estuvimos en este proceso muy largo y duro hasta que falleció, después de veinte años a mi lado.
Justo medio año antes de su fallecimiento, mi padre también falleció, y cada uno, desde su lugar, me mostró que la muerte no es lo que pensamos... y que la vida continúa.
La música siempre me había acercado al mundo espiritual sin saber qué era… ni cómo era.
La espiritualidad es intrínseca a nosotros, es volver a nuestra raíz. No debería institucionalizarse.
Tiene un lenguaje sencillo, exclusivo para uno. Es la conexión real. Es un camino en el que se entra en el silencio interior. Es totalmente experiencial. Es otro lugar. Es el lugar en otro tiempo sin tiempo, en el que cada uno es único y es bienvenido.
Si entras ahí, no te hace falta ningún acto de fe, porque es una experiencia vital.
Vivir el duelo desde ahí supuso un gran paso. Me sentía sostenida.
Todo es como un gran puzle cuyas piezas estaban en suspensión y empezaron a bajar de manera paulatina, hasta encajar en una nueva forma.
El puzle en sí mismo te sugiere que lo que ocurrió no se supera, se integra.
Ya practicaba la meditación poco antes de todo esto, y siguió nutriéndome.
A partir de ese momento, la vida empezó a presentarse generosa, y contraje un respeto profundo por mi Vida.
Mientras este proceso sucedía, a nivel profesional descubrí las Técnicas de Liberación Emocional. Me acredité como facilitadora y formadora.
Creé la EFT Adaptada Ericksoniana, en la que presento una amalgama de las técnicas junto con la PNL Generativa. Estuve más de 5 años ofreciendo formación presencial y, actualmente, la tengo incluida en mi consulta.
La EFT Adaptada Ericksoniana me llevó a la interesante experiencia de participar en la tesis doctoral de la Dra. Maite Durán i Fabre, que estuvo estudiando mi trabajo en consulta durante varios meses.
La tesis se presentó en la Universidad Ramon Llull, Blanquerna, en 2016, con muy buen resultado.
He ido pasando por distintas fases en estos años, pero siempre siguiendo una coherencia que se ve con la perspectiva. Eso sí, muy lejos de los mandatos que no respetan al individuo en su integridad, misión de vida, aquella por la que encuentra un sentido.
Desde hace mucho tiempo, todo se conjuga en equilibrio.
Todo lo que tiene que ver con la manera de sentir del ser humano, con moverse por dentro, me interesa, me ocupa y, muchas veces, aún me conmueve.
A través del Coaching Generativo, la Psicoterapia Breve Estratégica y la Terapia Integrativa (Homeopatía, Terapia Ortomolecular), siento que estoy en el lugar perfecto. Es un llegar a puerto.
Tengo consulta privada con sesiones concertadas, ahora mismo en formato online.
Ofrezco grupos de trabajo de manera puntual.
Acompaño grupos para personas que atraviesan circunstancias concretas, como el duelo.
Me muevo siempre con intención generativa: trazando puentes para que esto llegue a quien esté buscando justamente mi enfoque.
He colaborado con mis artículos en distintas plataformas digitales y en papel, en revistas y medios de comunicación, durante años.
He participado como ponente en congresos hablando de la EFT Adaptada Ericksoniana, también sobre Homeopatía Unicista, y sobre la PNL de Tercera Generación.
Si has llegado hasta aquí y quieres que te acompañe, necesito que sepas algo. Necesito que te impliques, que lo tengas claro. No importa con lo que vienes.
Siento que no debo convencer a nadie…
Podemos hablar, pero no está en mí el estímulo de convencerte. Convencer no deja de ser una manipulación.
Todos podemos mejorar nuestras vidas y cruzar los cambios que nos vienen con una mayor claridad, solo requiere querer hacerlo y descubrir el cómo, con quién.
Todos tenemos derecho a ser nosotros mismos y a poder disfrutar de nuestros talentos, realizándonos plenamente con la vida.
Lo que nos separa de esto no está tan lejos de nosotros como nos creemos.
A mi modo de ver, conseguirlo es de una belleza incomparable.









