El verdadero sentido del camino

La trascendencia no es algo extraordinario. No es un lugar al que se llega de repente.
Se parece más a un amanecer: primero una claridad tenue, luego colores suaves… hasta que todo el paisaje queda iluminado.
Cada personalidad vive este proceso a su manera. Cada remedio acompaña un tramo distinto del viaje, pero, en el fondo, todos los caminos apuntan hacia el mismo horizonte: la consciencia, un corazón más abierto y una vida que se siente con mayor plenitud.
La trascendencia empieza siempre en el vivir aquí, en la Tierra, transformando lo interior, la palabra y las acciones. Siempre comienza en la materia y en la experiencia de vida que tenemos.
Si queremos trascender en lo espiritual, habrá que empezar por aquí, porque somos como árboles con sus raíces. Si no es así, se convierte en una fantasía.
Y quizás por eso mismo, porque este camino empieza desde lo concreto y lo vivido, no puede ser forzado desde fuera ni impuesto como si todos tuviéramos que despertar al mismo tiempo o de la misma manera.
Sé que muchos no estaréis de acuerdo conmigo y, por favor, tened presente que hablo desde mi observación y mi experiencia.
El cambio arranca aquí, en lo más básico y basto, con un modus operandi
que te tiene en cuenta a ti y a tu entorno. Ese paso no se omite si lo que queremos es alcanzar lo sublime, y será un camino del día a día hasta que nos vayamos de aquí.
Cada uno debe seguir su propio camino, a su ritmo, su sentir y sus darse cuenta. Por eso, me cuesta creer en las personas que se autodenominan despertadores
y que actúan impunemente para despertar a los demás, incomodándolos con acciones desalineadas con la realidad interna de la persona.
El cambio viene desde dentro. Siempre.
Si el detonante causa rechazo, no provocará cambio… Tiene que tener parte del tejido interno o poner en evidencia lo que ya está ahí. Porque cuando el impulso llega desde fuera sin conexión con uno, puede perjudicar y cronificar; en definitiva, hacer más daño que bien.
Si lo que queremos es cambiar el viejo paradigma, tampoco encajará hacerlo de la misma manera en que se ha gestionado hasta ahora. Ya vemos hacia dónde nos ha llevado.
No se puede hablar de Consciencia mientras se empuja al otro sin respetar su proceso y su sentir.
Se trata de acompañarnos... si no es así, es agresión y es manipulación.
Los despertadores, en la mesilla de noche, si los queremos tener… por favor. Y dejemos a la gente en paz, haciendo su propio proceso. Se aprenderá más con un tropezón por una decisión propia que con un empujón dado sin ton ni son.
Porque, al final, nadie puede hacer raíces por otro y sin raíces, no hay árbol que sostenga las ramas.
Nadie florece cuando lo empujan, sino cuando ha conseguido lo que necesita para hacerlo.









